Período de transición...¡a descansar!

Planificar el descanso es tan importante como la carga. Aquí van algunas recomendaciones durante la transición...

PERÍODO DE TRANSICIÓN: ¡¡A DESCANSAR!!

El período de transición es una etapa singular dentro de la macro estructura prevista para un atleta.

El entrenamiento fundamental adquiere aquí la forma de “descanso activo”, concepto ligado a la diversificación del entrenamiento y no al cese del mismo. Esta diferencia se basa en la variación de la forma y el contenido de la carga.

A través de períodos competitivos sucesivos se van incrementando los valores generales de volumen e intensidad, sin olvidar la carga psíquica que genera la competencia, los cuáles van dejando una “huella” en el atleta como efecto global acumulativo, pudiendo llegar a transformarse en fatiga. De no existir este proceso final denominado PERÍODO DE TRANSICIÓN, correríamos riesgo de sobre entrenarnos, con drásticas consecuencias para llevar adelante nuestro plan ulterior.

Se deben garantizar aquí el restablecimiento de todas las cualidades psicofísicas necesarias para asegurarnos el rendimiento deportivo durante un arduo y estresante período competitivo.

Resulta entonces imprescindible educarse en lo metodológico y así comprender la importancia de este período que no esta diseñado para frenar el proceso de entrenamiento; si bien es cierto que disminuye la carga, por el contrario, intenta potenciar y mejorar la forma deportiva.

Es frecuente que esta fase se utilice para aprender y corregir cuestiones técnicas que en otros períodos suelen quedar relegadas por los compromisos deportivos.

Existen infinitas opciones para la implementación de esta etapa: con un lapso sugerido de 4 y hasta 5 semanas de reestablecimiento ningún atleta va a “perder” ostensiblemente su entrenamiento. Esta duración se ve regulada por los cambios fisiológicos propios de la actividad desarrollada durante esta fase y por la adaptabilidad al nuevo entrenamiento.

Con respecto a la frecuencia los atletas pueden entrenar de dos a tres veces por semana intercalando trabajos recreativos y evitando componentes competitivos específicos.

Los beneficios que se obtienen como respuesta a un período de transición que respete estos parámetros son:

  • Conservar niveles de fuerza, resistencia y flexibilidad.
  • Mantener la integridad del sistema osteoartromuscular.
  • Restaurar física y emocionalmente al deportista.
  • Prevenir lesiones por sobre uso.
  • Mantener un peso adecuado.
  • Evitar el estancamiento mental del atleta.
  • Reducir el stress de los sistemas metabólicos, cardiopulmonares, endócrinos y neurofisiológicos.

Una estrategia muy utilizada es cambiar de actividad, utilizando deportes alternativos como el fútbol, voleibol, básquet, etc. e incorporar medios diversos.

 En el caso de los corredores de aventura una muy buena opción podría ser implementar durante esta fase la natación en todas sus variantes: nado libre, aguas abiertas, water polo, etc., ya que a lo largo de la temporada sus huesos y articulaciones han soportado una serie de microtraumatismos y el medio acuático le permite por un lado continuar con su entrenamiento a la vez que colabora con el restablecimiento de esas estructuras sin agredirlas.

Este es el momento en el cuál podemos permitirnos ciertos gustos y adaptaciones, ya que no hace falta que nuestro plan posea una distribución estricta de series, repeticiones, y pausas; es el momento de hacer lo que nos gusta sin la presión de la competencia.

Estamos justo en una etapa donde cabría saber si es el fin del camino o el principio; no existen en este período de transición estructuras rígidas que implementar permitiendo una gran libertad en la selección de actividades, pero lo que si debemos hacer es ¡disfrutar de nuestro descaso en movimiento!

 

Lic. Juan Pablo Echeverría